7 CLAVES PARA GESTIONAR ADECUADAMENTE LAS PREOCUPACIONES

En este artículo, exploraremos cómo la preocupación afecta nuestra salud mental y bienestar emocional. Si bien es común que las personas experimenten momentos de preocupación y ansiedad, es crucial reconocer cuando se vuelven excesivas y persistentes ya que las preocupaciones desmedidas pueden ser indicativas de problemas de salud mental. En este análisis, nos enfocaremos en la preocupación disfuncional, aquella que interfiere negativamente en diversas áreas de la vida, explorando sus causas, consecuencias y estrategias para manejarla de manera efectiva.
La preocupación es un estilo de pensamiento asociado a diversos trastornos mentales, dentro de los cuales se destaca el Trastorno de Ansiedad Generalizada (TAG). Entre sus síntomas principales encontramos justamente las preocupaciones excesivas y desproporcionadas sobre diferentes aspectos de la vida, como puede ser el trabajo, las relaciones interpersonales o la salud propia o de un familiar. El en TAG el eje está en la preocupación como un problema en sí mismo, más allá de sus contenidos que pueden ser variados.
Este trastorno no sólo tiene consecuencias en la salud psíquica de las personas, sino que también afecta la salud física, generando fatiga, dolores musculares, trastornos del sueño, temblores, agitación, nerviosismo y tendencia a los sobresaltos, entre otros.
Desde la dimensión psicológica, aparecen diversos síntomas como la dificultad en la concentración, la irritabilidad, la anticipación a los peores resultados de una situación, la percepción de acontecimientos y situaciones como amenazantes (aunque no lo sean), la dificultad para lidiar con situaciones de incertidumbre y para la toma de decisiones, la dificultad para relajarse y la sensación de nerviosismo.
En resumen, preocuparse es un recurso que, si no está bien gestionado, lleva a las personas a padecer altos niveles de tensión y estrés durante gran parte del día, inclusive en situaciones que debieran ser de disfrute o recreación.
Aquí presentamos una serie de ejercicios y técnicas que pueden ayudar a gestionar la preocupación de una forma más adaptativa, mejorando así la calidad de vida y la salud mental.
- Distinguir entre preocupaciones adecuadas de inadecuadas: las adecuadas son aquellas que requieren una resolución en el aquí y ahora, están orientadas a la consecución de objetivos y el malestar y el tiempo invertido son proporcionales a la tarea que se debe realizar. Por ejemplo: si tenemos que entregar un informe para el trabajo que conlleva cierto grado de complejidad. Las preocupaciones inadecuadas son aquellas que generan un alto grado de distrés, consumen mucho tiempo y son hipotéticas, por lo que en la mayoría de los casos no se pueden resolver en el presente. Por ejemplo, si una persona se preocupa porque su hijo asistirá a un cumpleaños de un compañero, pensando en los peores escenarios posibles que pudieran ocurrirle, interfiriendo en la concentración en su propio trabajo y generando niveles elevados de malestar.
- Derribar el mito de la utilidad de preocuparse: Las personas a veces poseen creencias positivas en torno a la preocupación. Pensamientos tales como “Preocuparme hace que tenga todo bajo control”; “Si me preocupo estoy más preparado/a por si pasa algo malo”, o pensar que la preocupación es un rasgo positivo de la personalidad: “Me preocupo porque soy responsable”, son ejemplos de cogniciones ligadas a la preocupación vista como una herramienta útil para la vida. La realidad es que preocuparnos de forma excesiva no hace más que generar malestar psicológico y físico. También es importante tener en cuenta que la atención es una función cognitiva con capacidad limitada, ¿qué significa esto? Que, si pasamos el día focalizados en nuestras preocupaciones, dejamos de atender a otras cuestiones importantes y haremos peor el resto de las tareas. Es como estudiar mientras vemos televisión o trabajar mientras usamos el celular. Por otro lado, enfocarse en la preocupación como modo de que aquello temido no ocurra es una especie de pensamiento mágico, ya que la persona cree que preocupándose se protege de que lo catastrófico suceda. Pensar en que pasará algo negativo lo único que genera es malestar y pérdida de tiempo para hacer otras actividades más productivas. ¡Y además no podemos controlar todos los escenarios catastróficos futuros! Una frase muy acertada en relación a este punto, la afirmó la Dra. Marian Rojas, psiquiatra y escritora española: “El 90% de las cosas que nos preocupan jamás suceden. Y, sin embargo, ese conjunto de pensamientos que ronda nuestra mente (“y si no encuentro trabajo, y si no apruebo, y si me pongo enfermo, y si mi pareja me deja…). tiene un impacto directo en nuestra salud”.
- Reducir la intolerancia a la incertidumbre: La preocupación puede ser utilizada como un intento mental por considerar todas las eventualidades futuras posibles de una determinada situación, es decir, como un intento de reducir la incertidumbre. Aprender a convivir con la incertidumbre es otro desafío a trabajar, gestionando adecuadamente el malestar que genera y apuntando al interjuego entre aceptación y resolución de problemas (aceptar que no todo está bajo control y que la vida es en cierta parte incertidumbre y ambigüedad; resolver aquello que esté orientado al presente y a la acción).
- Realizar experimentos conductuales para poner a prueba la utilidad de las preocupaciones: El ejercicio consiste en identificar una predicción para que sea testeada a través del experimento conductual. Por ejemplo: “Si no controlo las tareas de mi hijo, le va a ir mal y va a ser un desastre en el colegio”. Puntuamos el grado de creencia en esa predicción (del 0 al 10). Diseñamos un mini-experimento para testear las predicciones como, por ejemplo, no controlar las tareas del hijo durante una semana. Identificamos los posibles problemas que puedan aparecer y decidir cómo se va a enfrentar si aparecen. Por ejemplo: si el hijo le pide ayuda. Registramos los resultados: ¿Qué conclusión se puede sacar? ¿En qué medida el resultado se relaciona con aquello que pensaba que iba a pasar?
- La meditación, los ejercicios de respiración y la actividad física también son estrategias y herramientas útiles para ayudar a reducir los niveles de estrés y ansiedad y mejorar la capacidad para gestionar la preocupación.
- La terapia cognitiva conductual es la forma más efectiva de la psicoterapia para trabajar las preocupaciones excesivas. Se abordan aspectos cognitivos (como las creencias disfuncionales, la intolerancia a la incertidumbre, los sesgos cognitivos, la orientación negativa hacia el futuro, entre otros) conjuntamente con estrategias conductuales y habilidades específicas para gestionar adecuadamente la preocupación, ayudando a la persona a retomar gradualmente las actividades que evitaba debido a la ansiedad.
Intentar priorizar las preocupaciones, detectar aquellas adecuadas de las que no lo son y gestionar los niveles de ansiedad, nos permite liberar carga mental para llevar a cabo otras actividades más productivas y disminuir el grado de malestar.
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